Biarritz, un lugar con encanto en la costa norte francesa

Aunque mi visita a Biarritz ha sido profesional, he de confesar que he tenido ratitos en los que he podido comprobar los encantos de esta ciudad costera llena de recuerdos de un lujoso pasado. Grandes mansiones al borde del mar, placitas animadas con cafeterías y braseries, restaurantes donde comer bien está garantizado, tiendas de moda de alta alcurnia por todos lados, pequeñas tiendas de chocolates y delicatessen y mis tiendas de vino y queso. ¿Qué más se le puede pedir a una ciudad si además tiene costa?
La primera noche cenamos en una amplia terraza con vistas al mar, muy concurrida, no sólo por nosotros los guiris sino también por turismo nacional, lo cual me pareció un buen comienzo. Pedimos un chateau de Beau Rivage 2003 Bordeaux, que aunque hacía calor, lo trajeron atemperado por lo que lo disfrutamos. Fenomenal las ostras de Arcachón con la vinagreta con verduritas, aunque yo las prefiero con limón o tal cual, como dicen en mi tierra (los rústicos de lomo ancho) "jola jola jin ná".
La segunda cena la hicimos en el corsario, pequeño restaurante frente al puerto amurallado de Biarritz. Comenzamos con unas sardinas, unas cañaillas con una especie de salsa all-i-oli, y como plato fuerte, me pedí con mi compi una merluza entera para dos con patatas a la brasa, una pasada. Terminamos "patxareando", que por cierto, nos coincidió con la noche en que el equipo de Rugby del Biarritz ganó y la ciudad era todo celebración.


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